Miércoles 30 de Diciembre

Reflexión sobre el Evangelio

El testimonio de Ana es muy parecido al de Simeón: como éste, también ella había estado esperando la venida del Mesías durante su larga vida, en un fiel servicio a Dios; y también es premiada con el gozo de verlo. «Hablaba de él», es decir, del Niño: alababa a Dios en oración personal, y exhortaba a los demás a que creyeran que aquel Niño era el Mesías. Así, pues, el nacimiento de Cristo se manifiesta por tres clases de testigos y de tres modos distintos: primero, por los ángeles que lo anuncian; segundo, por los pastores tras la aparición de los ángeles; y, en tercer lugar, por Simeón y Ana, movidos por el Espíritu Santo.

Meditación

No tengáis miedo

I. La historia de la Encarnación se abre con estas palabras: No temas, María (Lc 1, 30). Y a San José le dirá también el Ángel del Señor: José, hijo de David, no temas (Mt 1, 20). A los pastores les repetirá de nuevo el Ángel: No tengáis miedo (Lc 2, 10). Más tarde, cuando atravesaba el pequeño mar de Galilea ya acompañado por sus discípulos, se levantó una tempestad tan recia en el mar, que las olas cubrían la barca (Mt 8, 24) mientras el Señor dormía rendido por el cansancio. Los discípulos lo despertaron diciendo: ¡Maestro, que perecemos! Jesús les respondió: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? (Mt 8, 25-26). ¡Qué poca fe también la nuestra cuando dudamos porque arrecia la tempestad! Nos dejamos impresionar demasiado por las circunstancias: enfermedad, trabajo, reveses de fortuna, contradicciones del ambiente. Olvidamos que Jesucristo es, siempre, nuestra seguridad. Debemos aumentar nuestra confianza en Él y poner los medios humanos que están a nuestro alcance. Jesús no se olvida de nosotros: ‘nunca falló a sus amigos’ (Santa Teresa, Vida), nunca.

 II. Dios nunca llega tarde para socorrer a sus hijos; siempre llega, aunque sea de modo misterioso y oculto, en el momento oportuno. La plena confianza en Dios, da al cristiano una singular fortaleza y una especial serenidad en todas las circunstancias. ‘Si no le dejas, Él no te dejará’ (S. Josemaría Escrivá, Camino). Y nosotros le decimos que no queremos dejarle. ‘Cuando imaginamos que todo se hunde ante nuestros ojos, no se hunde nada, porque Tú eres, Señor, mi fortaleza (Sal 42, 2). Si Dios habita en nuestra alma, todo lo demás, por importante que parezca, es accidental, transitorio. En cambio, nosotros, en Dios, somos lo permanente” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios). Esta es la medicina para barrer, de nuestras vidas, miedos, tensiones y ansiedades. III. En toda nuestra vida, en lo humano y en lo sobrenatural, nuestro ‘descanso’ nuestra seguridad, no tiene otro fundamento firme que nuestra filiación divina. Esta realidad es tan profunda que afecta al mismo hombre, hasta tal punto que Santo Tomás afirma que por ella el hombre es constituido en un nuevo ser (Suma Teológica). Dios es un Padre que está pendiente de cada uno de nosotros y ha puesto un Ángel para que nos guarde en todos los caminos. En la tribulación acudamos siempre al Sagrario, y no perderemos la serenidad. Nuestra Madre nos enseñará a comportarnos como hijos de Dios; también en las circunstancias más adversas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s