Domingo 3 de Enero

Solemnidad de la Epifanía del Señor

Antífona de Entrada

Mirad que ya viene el Señor del universo; en sus manos está el reino, la potestad y el imperio.

Oración Colecta

Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer en este día a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

La gloria del Señor alborea sobre ti
Lectura del libro del profeta Isaías 60, 1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz; la gloria del Señor alborea sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos, pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti. Tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás, radiante de alegría; tu corazón se alegrará y se ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 71
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él se postrarán todos los reyes y todas las naciones.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Segunda Lectura

También los paganos participan de la misma herencia que nosotros
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3. 5-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que, por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorar al Señor.
Aleluya.

Evangelio

Hemos venido de Oriente para adorar al rey de los judíos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén, y preguntaron: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarle». Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá; porque así lo ha escrito el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles: «Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay de ese niño; y cuando le encuentren, avísenme, para que yo también vaya a adorarle».

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que, bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento y que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Antífona de la Comunión

Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.

Oración después de la Comunión

Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre: para que comprendamos cada día más este sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con mayor amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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