Domingo 21 de Marzo

Reflexión sobre el Evangelio

«Había algunos griegos»: Esos «griegos» acuden precisamente a Felipe pues, al parecer, éste, que tiene nombre griego, debía entender su lengua y les podía servir de intérprete. Si esto es así, estamos ante uno de los momentos trascendentales en que hombres de una cultura no judía acuden en busca de Cristo: son como primicias de la expansión de la fe cristiana en el mundo helénico. Así se entiende mejor la exclamación del Señor acerca de su propia glorificación («Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado»), que no sólo consiste en ser exaltado a la diestra del Padre, sino también en atraer a todos los hombres hacia Sí.

Meditación

Un clamor de justicia

I. Toda la predicación de Jesús es una llamada a la justicia y a la misericordia. La Iglesia, fiel a Sus enseñanzas, nos impulsa y nos urge a vivir las exigencias de la justicia en nuestra vida personal, profesional y social, y a salir en defensa de quienes –por ser más débiles– no pueden hacer valer sus derechos. No son propias del cristiano las lamentaciones estériles. El Señor, en lugar de quejas inútiles, quiere que desagraviemos por las injusticias que se cometen en el mundo, y que tratemos de remediar todas las que podamos, empezando por las que estén a nuestro alcance. Hoy nos preguntamos si hacemos con perfección nuestro trabajo, si pagamos lo debido a quienes nos prestan un servicio, si ejercitamos nuestros derechos, si defendemos la fama de los demás, si defendemos a los más débiles, si aprovechamos el tiempo… Así amamos la justicia.

II. Los deberes profesionales son un lugar excepcional para vivir la virtud de la justicia. El dar a cada uno lo suyo, propio de esta virtud, significa en este caso cumplir lo estipulado. Los deberes profesionales son el cauce más oportuno con el que ordinariamente contamos para colaborar en la resolución de los problemas sociales y para intervenir en la construcción de un mundo más justo. El cristiano también debe ser ejemplar en el cumplimiento de las legítimas leyes civiles, porque si son justas son queridas por Dios y constituyen el fundamento de la misma convivencia humana. Entre los deberes sociales del cristiano el Concilio Vaticano II recuerda “el derecho y al mismo tiempo el deber de votar para promover el bien común” (Gaudium et Spes). Desatenderse de manifestar la propia voluntad sería una falta de justicia, mucho más si ese abstencionismo promoviera candidaturas cuyo ideario es opuesto a la doctrina cristiana y a su concepción del hombre. III. Hoy nos unimos a ese deseo de una mayor justicia, que es una de las principales características de nuestro tiempo (S.C. Para la doctrina de la fe, Sobre libertad cristiana y liberación). Pedimos al Señor por los gobernantes, como siempre se hizo en la Iglesia, para que sean promotores de justicia, de paz, de un mayor respeto por la dignidad de la persona. Nosotros, en lo que está de nuestra parte, hacemos el propósito de llevar las exigencias del Evangelio a nuestra propia vida personal, a la familia, al mundo en el que cada día nos movemos y del que participamos. Cuidaremos la fe, que nos da a conocer el verdadero valor de la persona, y la caridad, que nos lleva a comportarnos con los demás más allá de lo que pediría la justicia, porque vemos en los demás hijos de Dios.

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