Lunes 26 de Abril

Reflexión sobre el evangelio

En aquellos tiempos era costumbre reunir al oscurecer varios rebaños en un mismo recinto. Allí permanecían toda la noche bajo la custodia de un guarda. Al amanecer, cada pastor llegaba, le abría el guarda, y llamaba a sus ovejas, que se incorporaban y salían del aprisco tras él; les hacía oír frecuentemente su voz para que no se perdieran, y caminaba delante para conducirlas a los pastos. El Señor hace uso de esta imagen, tan familiar a sus oyentes, para mostrarles una enseñanza divina: ante voces extrañas, es necesario reconocer la voz de Cristo –actualizada de continuo por el Magisterio de la Iglesia– y seguirle, para encontrar el alimento abundante de nuestras almas.

Meditación

Deseos de santidad

I. ¿De qué le sirve al hombre ganar al mudo, si luego pierde su alma? (Mt 16,26). Hemos de fomentar en nuestra alma el deseo de ser santos, diciendo al Señor: “quiero ser santo”, o al menos si me encuentro flojo y débil, “quiero tener deseos de ser santo”. Los santos fueron hombres y mujeres que tuvieron un gran deseo de saciarse de Dios, aun contando con sus defectos. Alimentemos esos deseos con la virtud de la esperanza que se fundamenta en Dios.

II. La fuerza del Espíritu Santo no conoce límites ni barreras. Hemos de desear ser santos viviendo la virtud de la humildad que nos llevará a contar siempre y ante todo con la gracia de Dios. Vendrá luego el esfuerzo por adquirir virtudes, por vivirlas continuamente, preocupándonos por vivir la caridad con los demás, y por último, nuestro deseo de estar con Cristo en la Cruz. III. ‘Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo’ (Sal 41). Es compatible esa sed de Dios con la experiencia de nuestros defectos e incluso de nuestras caídas, porque santos son, no los que no han pecado nunca, sino los que se han levantado siempre. Dios cuenta con el tiempo y tiene paciencia con nosotros. ¡Mantengamos vivo el deseo de Dios encendiendo cada día la hoguera de nuestra fe y esperanza con el fuego del amor a Dios! Pidamos a Nuestra Madre que nos ayude a amar a Su Hijo como Ella Lo amó.

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