Domingo 8 de Agosto

Reflexión sobre el Evangelio

Es la segunda y última vez que San Juan menciona a San José en su Evangelio, dejando constancia de la opinión común, aunque equivocada, de los que conocían a Jesús y le consideraban hijo de José. El Señor, concebido por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María, sólo tiene como Padre al mismo Dios. Sin embargo, San José hizo las veces de padre de Jesús en la tierra, según los planes divinos. Por eso se llama a José padre de Jesús y, ciertamente, cumplió su misión de cuidar del Señor con singular fidelidad.

Meditación

El pan vivo

I. En nuestro camino al Cielo aquí en la tierra, encontramos tentaciones, cansancio y dificultades. En ocasiones, sentimos flaquear el ánimo y la esperanza. La Iglesia nos invita a alimentar nuestra alma con un pan del todo singular, que es el mismo Cristo presente en la Sagrada Eucaristía. En Él encontramos siempre las fuerzas necesarias para llegar hasta el Cielo, a pesar de nuestra flaqueza. Es la gran ayuda a lo largo de la vida y, especialmente, en el tramo último del camino, donde los ataques del enemigo pueden ser más duros (Código de Derecho Canónico, 921, 2). Recordemos nuestra responsabilidad, de hacer todo lo que está de nuestra parte para que ningún familiar, amigo o colega muera sin los auxilios espirituales que nuestra Madre la Iglesia tiene preparados para la última etapa de su vida. Es la mejor y más eficaz muestra de caridad y cariño con esas personas, y el Señor nos premiará con una alegría muy grande.

II. No hay mayor felicidad en esta vida que recibir al Señor. El amor llega a realizar su ideal en este sacramento: la identificación con quien tanto se ama, a quien tanto se espera: se nos da Cristo entero. La Sagrada Eucaristía nos fortalece y aleja de nosotros la debilidad y la muerte, y aumenta la santidad y la unión con Dios. También nos facilita la entrega en la vida familiar; nos impulsa a realizar el trabajo con alegría y perfección; nos fortalece para llevar con garbo humano y sentido sobrenatural las dificultades y tropiezos de la vida ordinaria. El Maestro está aquí y te llama (Jn 11, 28), se nos dice cada día. No desatendamos esa invitación; vayamos con alegría y bien dispuestos a su encuentro.

III. Nuestro encuentro con Jesús en la Comunión debe ser frecuente porque son muchas nuestras flaquezas y debilidades. Podemos mantener vivo el deseo y el recuerdo de este sacramento a lo largo del día mediante la Comunión espiritual. Nos traerá muchas gracias y nos ayudará a vivir mejor el trabajo y las relaciones con los demás, y nos facilita tener la Santa Misa como el centro del día. También es muy provechosa la Visita al Santísimo; El Señor presente sacramentalmente nos ve y nos oye con una mayor intimidad y nos agradece que le devolvamos esa visita que Él nos ha hecho viniendo sacramentalmente a nuestra alma. Junto a Jesús encontramos la paz, la fortaleza para cumplir acabadamente la tarea y la alegría en el servicio a los demás. Pidamos a Nuestra Señora que nos enseñe a recibirlo “con aquella pureza, humildad y devoción” como Ella lo recibió, “con el espíritu y fervor de los santos”.

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