Sábado 28 de Agosto

Reflexión sobre el Evangelio

El talento no era propiamente una moneda, sino una unidad contable, que equivalía aproximadamente a unos cincuenta kilos de plata. En esta parábola el Señor nos enseña principalmente la necesidad de corresponder a la gracia de una manera esforzada, exigente y constante durante toda la vida. Hay que hacer rendir todos los dones de naturaleza y de gracia recibidos del Señor. Lo importante no es el número, sino la generosidad para hacerlos fructificar.

La vocación cristiana no se puede esconder, ni esterilizar, debe ser comunicativa, apostólica, entregada. “No pierdas tu eficacia, aniquila en cambio tu egoísmo. ¿Tu vida para ti? Tu vida para Dios, para el bien de todos los hombres, por amor al Señor. ¡Desentierra ese talento! Hazlo productivo” (Amigos de Dios, n.47).

Meditación

Los pecados de omisión

I. De Dios hemos recibido la vida y los dones que la acompañan a modo de herencia, para hacerla rendir. Y de esa herencia se nos pedirá cuenta al final de nuestros días. Somos administradores de unos bienes, algunos de los cuáles sólo los poseeremos durante este corto tiempo de vida. Después nos dirá el Señor: Dame cuenta de tu administración… No somos dueños; sólo somos administradores de unos dones divinos. Dos maneras hay de entender la vida: sentirse administrador y hacer rendir lo recibido de cara a Dios, o vivir como si fuéramos dueños, en beneficio de la propia comodidad, del egoísmo, del capricho. Hoy en nuestra oración, podemos preguntarnos cuál es nuestra actitud ante los bienes, ante el uso del tiempo que también es un don y del que también tendremos qué dar cuenta.

II. El Señor espera ver bien administrada su hacienda; y espera un rendimiento acorde con lo recibido. Lo mucho de aquí, de nuestra vida en la tierra, es poca cosa en relación con el premio del Cielo. El mejor negocio que podemos hacer es ganar la vida eterna. No podemos enterrar nuestro talento en la tierra (Mateo 25, 14-30) sin negociar con él. No podemos llenar nuestra vida con omisiones, con oportunidades no aprovechadas, con bienes materiales y tiempo malgastados. No podemos presentarnos ante el Señor con las manos vacías. Enterrar el talento que Dios nos ha confiado es tener la capacidad de amar y no haber amado, sin hacer felices a quienes están junto a nosotros, y dejarlos en la tristeza; tener bienes y no hacer el bien con ellos; poder llevar a otros a Dios y no hacerlo. No basta, no es suficiente, con ‘no hacer el mal’, es necesario ‘negociar el talento’, hacer positivamente el bien. Pidamos al Señor que nos ayude a dar frutos de santidad, de amor y de sacrificio.

III. Poner en juego los talentos recibidos abarca todas las manifestaciones de la vida personal y social, y desarrollar la propia personalidad, todas nuestras posibilidades. Dios espera de nosotros una conducta reciamente cristiana en la vida pública: el ejercicio responsable del voto, la actuación, según la propia capacidad, en los colegios profesionales, en las asociaciones de padres en los colegios de los hijos, en los sindicatos, en la propia empresa de acuerdo a las leyes laborales del país, y poniendo los medios para mejorar una legislación claramente injusta en materias fundamentales como la vida, la educación y la familia. La Confesión frecuente nos ayudará a evitar las omisiones que empobrecen la vida de un cristiano y llenar la vida de frutos para Dios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s