Sábado 30 de Octubre

30ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Bendita eres tú, Virgen María, por obra de Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra; porque tu nombre ha sido engrandecido para que la boca de los hombres no cese de alabarte.

Oración Colecta

Al celebrar la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, te pedimos, Señor, por su intercesión, que también nosotros logremos recibir la plenitud de tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Si la caída de los judíos ha sido riqueza para el mundo, ¿qué no será su reintegración, sino resurrección de entre los muertos?
Lectura de la carta del apóstol según Pablo a los Romanos 11, 1-2. 11-12. 25-29

Hermanos: Yo les pregunto: ¿Acaso Dios ha rechazado a su pueblo? De ninguna manera. Pues yo también soy israelita, descendiente de Abraham y de la tribu de Benjamín. Dios no ha rechazado a su pueblo, pues él mismo lo eligió. Y vuelvo a preguntarles: ¿Acaso los judíos han tropezado para no volver a levantarse? De ninguna manera, puesto que su caída ha tenido como consecuencia que la salvación llegue a los paganos y esto provoque la emulación de los judíos. Ahora bien, si su caída ha sido riqueza para el mundo y su empobrecimiento ha sido riqueza para los paganos, ¿cuánto más lo será la plena aceptación de la fe por parte de todos los judíos?

No quiero que ignoren, hermanos, el designio de Dios que se oculta en todo esto, para que no anden presumiendo. La ceguera de una parte del pueblo de Israel, durará hasta que todos los paganos hayan aceptado la fe, y entonces todo el pueblo de Israel se salvará, conforme a lo que dice la Escritura: Vendrá de Sión el libertador, para alejar de Israel toda maldad y estableceré mi alianza con ellos, cuando haya borrado sus pecados.

De manera que, por lo que toca al Evangelio, los judíos son enemigos, para el bien de ustedes; pero, por lo que toca a la elección de Dios, son muy amados de él, en atención a los patriarcas, porque Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 93
El Señor jamás rechazará a su pueblo.

Señor, dichoso aquel a quien tú educas y enseñas a cumplir tus mandamientos; cuando lleguen las horas de desgracia, no perderá el sosiego.
El Señor jamás rechazará a su pueblo.

Jamás rechazará Dios a su pueblo ni dejará a los suyos sin amparo. Hará justicia al justo y dará un porvenir al hombre honrado.
El Señor jamás rechazará a su pueblo.

Si el Señor no me hubiera ayudado, ya estaría yo habitando en el silencio. Cuando me hallaba al borde del sepulcro, tu amor, Señor, me conservó la vida.
El Señor jamás rechazará a su pueblo.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Aleluya.

Evangelio

El que se engrandece a sí mismo será humillado; y el que se humilla será engrandecido
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado entró Jesús en casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, y ellos estaban espiándolo. Mirando que los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: «Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya otro invitado más importante que tú; y el que los invitó a los dos venga a decirte: “Déjale el lugar a éste”, y entonces tengas que ir todo avergonzado a ocupar el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, siéntate en el último puesto; así, cuando venga el que te invitó, te diga: “Amigo, acércate a la cabecera”. Entonces te verás honrado ante todos los convidados. Porque todo el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza, al conmemorar llenos de gozo a la Madre de tu Hijo; y te pedimos que por este santo intercambio, se aumenten en nosotros los frutos de la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Me llamarán dichosa todas las generaciones, porque Dios puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Oración después de la Comunión

Alimentados por este celestial banquete, te rogamos humildemente, Señor, que nos concedas confesar de palabra y con las obras a tu Hijo, nacido de la Virgen Madre. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

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