Martes 4 de enero

Reflexión sobre el evangelio

Este milagro es una figura de la Sagrada Eucaristía: Cristo lo realizó poco antes de la promesa de este sacramento, y es constante esta enseñanza en los Santos Padres. En el milagro Jesús da prueba de su poder sobrenatural y de su amor a los hombres. Poder y amor que harán también posible que el único Cuerpo de Cristo esté presente en las sagradas especies, para alimentar a las multitudes de fieles a través de la historia. Como se dice en la secuencia que compuso Santo Tomás de Aquino para la Misa del ‘Corpus Christi’: «lo tome uno o lo tomen mil, lo mismo toman éstos que aquél, no se agota por tomarlo».

Meditación

Naturalidad y sencillez

I. Toda la vida de María está penetrada de una profunda sencillez. Su vocación de Madre del Redentor se realizó siempre con naturalidad. En ningún momento de su vida buscó privilegios especiales: “María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo. Aprende de Ella a vivir con naturalidad” (S. Josemaría Escrivá, Camino). La sencillez y naturalidad hicieron de la Virgen, en lo humano, una mujer especialmente atrayente y acogedora. Su Hijo, Jesús, es el modelo de la sencillez perfecta, durante los treinta años de vida oculta, y en todo momento. El Salvador huye del espectáculo y de la vanagloria, de los gestos falsos y teatrales; se hace asequible a todos: a los enfermos y a los desamparados, a los Apóstoles y a los niños. La humildad es una manifestación de la humildad. Es una virtud necesaria para el trato con Dios, para la dirección espiritual, para el apostolado y la convivencia.

II. La sencillez exige claridad, transparencia y rectitud de intención, que nos preserva de tener una doble vida, de servir a dos señores: a Dios, y a uno mismo. Requiere de una voluntad fuerte, que nos lleve a escoger el bien. El alma sencilla juzga de las cosas, de las personas y los acontecimientos según un juicio recto iluminado por la fe, y no por las impresiones del momento (I. Ceyala, Sencillez). En la lucha ascética hemos de reconocernos como en realidad somos y aceptar las propias limitaciones, comprender que Dios las abarca con su mirada y cuenta con ellas. En la convivencia diaria, toda complicación pone obstáculos entre nosotros y los demás, y nos aleja de Dios. La sencillez es consecuencia de la “infancia espiritual”, a la que nos invita el Señor especialmente en estos días que contemplamos el Nacimiento. En verdad os digo que, si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt 18, 2-3).

III. La sencillez y naturalidad son virtudes extraordinariamente atrayentes, pero difíciles a causa de la soberbia, que nos lleva a tener una idea desmesurada de nosotros mismos, y a querer aparentar ante los demás por encima de los que somos y tenemos. La pedantería, la afectación, la jactancia, la hipocresía y la mentira se oponen a la sencillez, y, por tanto, a la amistad; son un verdadero obstáculo para la vida de familia. Para ser sencillos es preciso cuidar la rectitud de intención en nuestras acciones, que deben estar dirigidas a Dios. Lo aprenderemos si contemplamos a la Sagrada Familia, en medio de su vida corriente. Pidámosles que nos haga como niños delante de Dios.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s