Lunes 17 de enero

Memoria de san Antonio, Abad

Antífona de Entrada

Los justos crecerán como palmeras, se elevarán tan alto como cedros del Líbano, plantados en la casa del Señor en medio de sus patios darán flores.

Oración Colecta

Dios nuestro, que concediste a san Antonio Abad dejar por tu amor cuanto tenía para servirte heroicamente en el desierto, otórganos, por sus méritos, superar nuestro egoísmo y amarte a ti sobre todas las cosas.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

La obediencia vale más que el sacrificio. El Señor te ha rechazado como rey
Lectura del primer libro de Samuel 15, 16-23

En aquellos días Samuel dijo a Saúl: «Te voy a manifestar lo que el Señor me dijo esta noche». Saúl le contestó: «¿Qué te dijo?» Samuel prosiguió: «Aunque a tus propios ojos no valías nada, ¿no llegaste acaso a ser el jefe de Israel? El Señor te ungió como rey de Israel. Él te ordenó llevar a cabo una expedición contra los amalecitas, diciéndote: “Ve y destruye a esos pecadores. Hazles la guerra hasta acabar con todos ellos”. ¿Por qué no has obedecido la voz del Señor? ¿Por qué te has quedado con el botín, haciendo lo que desagradaba al Señor?» Saúl le respondió a Samuel: «No. Yo obedecí al Señor. Llevé a cabo la expedición que él me ordenó. Traje cautivo a Agag, rey de Amalec, y acabé con los amalecitas. Fue el pueblo el que tomó del botín lo mejor de las ovejas y los bueyes para sacrificarlos al Señor, nuestro Dios, en Guilgal».

Pero Samuel le replicó: «¿Crees tú que al Señor le agradan más los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a sus palabras? La obediencia vale más que el sacrificio; y la docilidad, más que la grasa de los carneros. La rebelión contra Dios es tan grave como el pecado de hechicería; y la obstinación, como el crimen de idolatría. Por haber rechazado la orden del Señor, el Señor te rechaza a ti como rey».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 49
Quien me da gracias, ése me honra.

No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor, pues siempre están ante mí tus holocaustos. Pero ya no aceptaré becerros de tu casa ni cabritos de tus rebaños.
Quien me da gracias, ése me honra.

¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?
Quien me da gracias, ése me honra.

Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme? ¿Crees acaso que yo soy como tú? No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados.
Quien me da gracias, ése me honra.

Quien las gracias me da, ése me honra y yo salvaré al que cumple mi voluntad.
Quien me da gracias, ése me honra.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, alegran el corazón, tu enseñanza da luz a mis ojos.
Aleluya.

Evangelio

Mientras el novio está con ellos no pueden ayunar
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22

En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?» Jesús les contestó: «¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Mientras está con ellos el novio no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el novio les será quitado y, entonces, sí ayunarán.

Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge, rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se pierde el vino y se echan a perder los odres; a vino nuevo, odres nuevos».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, estos dones que humildemente te presentamos en la conmemoración de san Antonio Abad, y líbranos de nuestro apego a los bienes materiales para que te poseamos a ti como única riqueza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Si quieres ser perfecto, dice el Señor, vende lo que posees, reparte el dinero entre los pobres y después, ven y sígueme.

Oración después de la Comunión

Por medio de esta Eucaristía, concédenos, Señor, la fuerza necesaria para vencer siempre, a ejemplo de san Antonio, las tentaciones del enemigo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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