Domingo 30 de enero

Reflexión sobre el Evangelio

Los habitantes de Nazaret escuchan al principio con agrado las palabras llenas de sabiduría de Jesús. Pero la visión de estos hombres es superficial. Del relato evangélico parece desprenderse que estaban esperando ver a Jesús, su conciudadano, hacer milagros, como había sucedido en otras ciudades cercanas. Pero el Señor no accede a satisfacer esas vanidades, y no hace ningún prodigio, siguiendo su modo habitual de proceder (véase, por ejemplo, el encuentro con Herodes en Lc 23,7-11); incluso les reprocha su postura, explicándoles con dos ejemplos tomados del Antiguo Testamento (cfr 1 R 17,9 y 2 R 5,14) la necesidad de una buena disposición a fin de que los milagros puedan dar origen a la fe.

Meditación

Vocación y santidad de san José
(1er Domingo de san José)

I. Durante siete domingos meditaremos la vida de San José, el Santo Patriarca, quien tuvo a su cargo en la tierra a Jesús y María, y nos acogeremos a su patrocinio. San José, después de María, es el mayor de los santos en el Cielo (León XIII, Enc. Quamquam pluries). El humilde carpintero sobresale en gracia y en bienaventuranza sobre todos los demás. Ocupa en la Plegaria eucarística I del misal, el primer lugar, después de Nuestra Señora. Al Santo Patriarca le han sido encomendados los cristianos de todas las épocas. San José: ilustre descendiente de David, luz de los patriarcas, esposo de la Madre de Dios, modelo de los que trabajan, honor de la vida doméstica, guardián de las vírgenes, sostén de las familias, consolación de los afligidos, esperanza de los enfermos, patrono de los moribundos, terror de los demonios, protector de la Iglesia santa… (Letanías de San José). Salvo a María, a ninguna otra criatura podemos dirigir tantas alabanzas. A lo largo de las siete semanas en la que preparamos su fiesta, podemos renovar su devoción y obtener muchas gracias y ayudas del Santo Patriarca.

II. A San José se le puede aplicar el principio formulado por Santo Tomás a propósito de la plenitud de gracia y de la santidad de María: «A los que Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello» (Santo Tomás, Suma Teológica). Después de María, nadie estuvo más cerca de Jesús que San José, que hizo las veces de padre suyo aquí en la tierra. Después de María, nadie recibió una misión tan singular como San José, nadie le amó más, nadie le prestó más servicios… Ningún otro estuvo más cerca del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. El alma de San José debió ser preparada con singulares dones para que llevara a cabo una misión tan extraordinaria. Le decimos hoy: ¡Oh José! Varón bienaventurado y feliz, a quien fue concedido ver y oír al Dios, a quienes muchos reyes quisieron ver y oír, y no oyeron y no vieron. Y no sólo verle y oírle, sino llevarlo en brazos, besarlo, vestirlo y custodiarlo: ruega por nosotros (Preces selectae, Adamas Verlag).

III. Dios nos elige también a nosotros para una misión determinada y nos otorga los dones necesarios para llevarla a cabo. La santidad consiste en cumplir la propia vocación. San José fue tan santo porque correspondió fidelísimamente a las gracias que recibió para cumplir su elevadísima misión. Hoy podemos meditar junto al Santo Patriarca en la vocación que también hemos recibido y en las gracias necesarias que continuamente nos da el Señor para vivirla fielmente. La Santísima Virgen nos ayudará si se lo pedimos.

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