Miércoles 9 de febrero

5ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras. Tú eres mi baluarte y mi refugio, por tu nombre condúceme y guíame.

Oración Colecta

Señor Dios, que prometiste poner tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos, por tu gracia, vivir de tal manera que te dignes habitar en nosotros.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

La reina de Sabá comprobó la sabiduría de Salomón
Lectura del primer libro de los Reyes 10, 1-10

En aquellos días la reina de Sabá oyó hablar de la fama de Salomón, y quiso cerciorarse personalmente de su sabiduría haciéndole algunas preguntas sutiles. Llegó pues, a Jerusalén, con una gran caravana de camellos cargados de perfumes, oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le hizo al rey las preguntas que había preparado. Salomón respondió a todas, de modo que no dejó de contestar ni la más difícil.

Cuando la reina de Sabá comprobó la sabiduría de Salomón, vio el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las habitaciones de sus servidores, el porte y los vestidos de sus ministros, sus coperos y los sacrificios que ofrecía en el templo del Señor, se quedó maravillada y dijo al rey: «De veras es cierto lo que en mi país me habían contado de ti y de tu sabiduría. Yo no quería creerlo; pero ahora que estoy aquí y lo veo con mis propios ojos, comprendo que no me habían dicho ni la mitad, pues tu sabiduría y tu prosperidad supera todo cuanto oí decir.

Dichoso tu pueblo y dichosos estos servidores tuyos, que siempre están en tu presencia y escuchan tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti, y que por el amor eterno que le tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono y te ha hecho rey para que gobiernes con justicia».

La reina le regaló a Salomón cuatro toneladas de oro, gran cantidad de perfumes y de piedras preciosas. Nunca hubo en Jerusalén tal cantidad de perfumes como los que la reina de Sabá le obsequió a Salomón.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 36
Rectas y sabias son las palabras del justo.

Pon tu vida en las manos del Señor, en él confía, y hará que tu virtud y tus derechos brillen igual que el sol de mediodía.
Rectas y sabias son las palabras del justo.

Rectas y sabias son las palabras del justo: lleva en su corazón la Ley de Dios, sus pasos son seguros.
Rectas y sabias son las palabras del justo.

La salvación del justo es el Señor; en la tribulación él es su amparo. A quien en él confía, Dios lo salva de los hombres malvados.
Rectas y sabias son las palabras del justo.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad.
Aleluya.

Evangelio

Lo que mancha al hombre es lo que sale de dentro
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanme: Nada que entra de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro». Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Jesús les dijo: «¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde fuera puede contaminarlo? Porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después sale del cuerpo» Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.

Luego agregó: «Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro. Porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Que esta ofrenda, Señor, nos purifique y nos renueve, y se convierta en causa de recompensa eterna para quienes cumplimos tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

El Señor colmó el deseo de su pueblo; no lo defraudó. Comieron y quedaron satisfechos.

Oración después de la Comunión

Saciados, Señor, por este manjar celestial, te rogamos que nos hagas anhelar siempre este mismo sustento por el cual verdaderamente vivimos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s