Viernes 15 de abril

Reflexión sobre el evangelio

Solo el cuarto Evangelio recoge el episodio de la pregunta de Jesús: ‘¿A quién buscan?’ y de su posterior respuesta: ‘Yo soy’ antes del prendimiento, que nos recuerda las aquellas palabras del salmo: «Retrocederán mis enemigos el día en que yo clame» (Sal 56,10). Resplandece la majestad del Señor que se entrega voluntaria y libremente. Esto, sin embargo, no quiere decir que aquellos judíos queden exentos de culpa. San Agustín comenta así este pasaje: «Los perseguidores, que venían con el traidor a prender a Jesús, encontraron al que buscaban y le oyeron decir ‘Yo soy’. ¿Por qué no le prendieron, sino que retrocedieron y cayeron? Porque así lo quiso quien podía hacer lo que quería. Si no lo hubiera permitido, nunca hubieran realizado su intento de apresarle, pero tampoco Él hubiera cumplido su misión. Ellos buscaban con odio al que querían matar; Jesús, en cambio, nos buscaba con amor queriendo morir. Y así, después de manifestar su poder a quienes sin poder hacerlo querían prenderlo, le apresarán y de este modo cumplirá su deseo por medio de quienes lo ignoraban» (San Agustín, In Ioannis Evangelium tractatus, 112,3).

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