Lunes 18 de abril

Reflexión sobre el evangelio

«Por el nombre de Resurrección no debe entenderse únicamente que Cristo resucitó de entre los muertos (…) sino que resucitó por su virtud y poder propio, lo cual fue exclusivo y singular en Él (…); lo confirmó el mismo Señor con el divino testimonio de su boca: ‘porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita sino que yo la doy libremente. Tengo poder para darla y tengo poder para tomarla de nuevo’ (Ioh 10,17-18) (…). Asimismo dijo a los judíos, para confirmar la verdad de su doctrina: ‘Destruid este Templo y en tres días lo levantaré… pero Él hablaba del templo de su cuerpo’ (Ioh 2,19-21) (…). Y si bien leemos alguna vez en las Escrituras que Cristo Nuestro Señor fue resucitado por el Padre (cfr Hch 2,24; Rm 8,11), esto se le ha de aplicar en cuanto hombre; así como, por otra parte, se refieren a Él mismo en cuanto Dios aquellos textos en que se dice que resucitó por su propia virtud» (San Pío V, Catecismo para los Párrocos según el decreto del Concilio de Trento, I, 6,8).

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