Viernes 3 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

Jesucristo había prometido a Pedro el Primado de la Iglesia. A pesar de las tres negaciones del Apóstol durante la Pasión, le confiere ahora el Primado prometido. «Jesucristo interroga a Pedro, por tres veces, como si quisiera darle una repetida posibilidad de reparar la triple negación. Pedro ya ha aprendido, escarmentado en su propia miseria: está hondamente convencido de que sobran aquellos temerarios alardes, consciente de su debilidad. Por eso, pone todo en manos de Cristo. ‘Señor, tú sabes que te amo’» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n.267). La entrega del Primado a Pedro fue directa e inmediata. Así lo ha entendido siempre la Iglesia y lo definió el Concilio Vaticano I: «Enseñamos, pues, y declaramos que, según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor (…). Porque sólo a Simón Pedro confirió Jesús después de su resurrección la jurisdicción de pastor y rector supremo sobre todo su rebaño, diciendo ‘Apacienta mis corderos’. ‘Apacienta mis ovejas’» (Conc. Vat. I, Const. Dogm. Pastor aeternus, cap. 1).

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