Miércoles 15 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

Partiendo de la práctica tradicional del ayuno, el Señor nos inculca el espíritu con que hemos de vivir la necesaria mortificación de los sentidos: hemos de hacerla sin ostentación, evitando el aplauso de los hombres, discretamente; así no podrán aplicarse contra nosotros esas palabras de Jesús: «ya recibieron su recompensa», pues sería un triste negocio. «El mundo admira solamente el sacrificio con espectáculo, porque ignora el valor del sacrificio escondido y silencioso» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 185).

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