Miércoles 22 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

¿Cómo distinguir a los falsos profetas de los verdaderos? Por los frutos. Las cosas de Dios tienen un sabor especial, hecho de rectitud natural y de inspiración divina. El que verdaderamente habla las cosas de Dios siembra fe, esperanza, caridad, paz, comprensión; por el contrario, el falso profeta en la Iglesia de Dios es el que con su predicación y su conducta o actuación siembra división, odio, resentimiento, orgullo, sensualidad (cfr Ga 5,16-25). Pero el fruto más característico del falso profeta es apartar al pueblo de Dios del Magisterio de la Iglesia, a través del cual resuena en el mundo la doctrina de Cristo. El fin de esos embaucadores está también señalado por el Señor: la perdición eterna.

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