Lunes 18 de julio

Meditación

La fe y los milagros

I. Algunos escribas y fariseos que buscaban el espectáculo, le piden a Jesús un nuevo milagro que definitivamente les mostrase que Él es el Mesías esperado; pero el Señor les contesta anunciando el misterio de su muerte y su Resurrección, sirviéndose de la figura de Jonás: no se dará otro prodigio que el del Profeta Jonás. Con estas palabras muestra que su Resurrección gloriosa al tercer día (tantos cuantos estuvo el Profeta en el vientre de la ballena) es la prueba decisiva del carácter divino de su Persona, de su misión y de su doctrina (Sagrada Biblia, Santos Evangelios). Jesús no hará más milagros en esta ocasión; si faltan buenas disposiciones, si la mente se llena de prejuicios, sólo se verá oscuridad, aunque tenga delante la más clara de las luces: las cosas que se reciben toman la forma del recipiente que las contiene, reza el viejo adagio. Nosotros pedimos a Jesús un corazón bueno para verle a Él en medio de nuestros quehaceres y una mente sin prejuicios para comprender a nuestros hermanos los hombres, para jamás juzgar mal a ninguno de ellos.

II. Muchos fariseos no se convirtieron al Mesías a pesar de tenerle tan cerca y presenciar muchos de sus milagros: su orgullo los dejó ciegos para lo esencial. Si nosotros estamos bien dispuestos, el Señor, por caminos diversos, nos dará abundancia y sobreabundancia de señales para seguir siendo fieles en el camino que hemos emprendido. Podremos contemplarle en lo que nos rodea: la naturaleza misma, en medio del trabajo; en la alegría; en la enfermedad. Otras veces, la luz para verle la obtendremos en la intimidad de la oración; otras muchas, en los consejos de la dirección espiritual.

III. Cristo está a nuestro lado y nos ama; desea comunicarnos sus sentimientos y su vida, y dar solución divina a aquello que nos preocupa. Sin embargo, se pueden presentar obstáculos a la fe. En ocasiones en personas que llevan años siguiendo a Cristo y han perdido la belleza de la entrega, muchas veces por falta de sinceridad en la dirección espiritual. Otras, debido a la soberbia; o a la pereza y a la comodidad que tienden a señalar un límite en la entrega. Alguna vez, el Señor puede ocultarse a nuestra vista para que le busquemos con más amor y para que crezcamos en humildad. La Confesión será un medio excelente para ver a Dios con más claridad en nosotros y en quienes nos rodea. Pidamos a la Virgen que nos ayude a purificar la mirada y el corazón para descubrir a su Hijo en los acontecimientos de cada día.

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