Domingo 7 de agosto

Reflexión sobre el Evangelio

«Porque donde está su tesoro, ahí está su corazón»: El Señor termina este discurso insistiendo en los bienes imperecederos a los que debemos aspirar. A este tenor el Concilio Vaticano II, hablando de la llamada universal a la santidad, concluye con esta enseñanza: «Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado. Estén todos atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y su apego a las riquezas, contrario al espíritu de pobreza evangélica, les impida la prosecución de la caridad perfecta; y acuérdense de la advertencia del Apóstol: ‘Los que usan de este mundo, no se detengan en él: porque la apariencia de este mundo es pasajera’ (1 Cor 7,31)» (Const. Dogm. Lumen gentium, n. 24).

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