Jueves 18 de agosto

20ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Inclina tu oído, Señor, y escúchame. Salva a tu siervo, que confía en ti. Ten piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco.

Oración Colecta

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de tus fieles, impulsa a tu pueblo a amar lo que mandas y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad del mundo, estén firmemente anclados nuestros corazones donde se halla la verdadera felicidad.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo
Lectura del libro del profeta Ezequiel 36, 23-28

Esto dice el Señor: «Yo mismo mostraré la santidad del mi nombre excelso, profanado entre las naciones, profanado por ustedes en medio de ellas, y soy el Señor, cuando por medio de ustedes les haga ver mi santidad. Los sacaré de entre las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías.

Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis preceptos, y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios».
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 50
Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, no retires de mí tu santo espíritu.
Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Devuélveme tu salvación que regocija, mantén en mí tu alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos, y volverán a ti los pecadores.
Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Tú Señor, no te complaces con los sacrificios; y si te ofreciera un holocausto no te agradaría. Un corazón contrito te presento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Hagamos caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón».
Aleluya.

Evangelio

Conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero no quisieron ir. Envió de nuevo criados que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he hecho matar terneros y otros animales gordos y todo está listo. Vengan a la boda”.

Pero los invitados no hicieron caso; uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan ahora a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren”. Los criados salieron a los caminos, y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?” Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación”. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Señor, que con un mismo y único sacrificio adquiriste para ti un pueblo de adopción, concede, propicio, a tu Iglesia, los dones de la unidad y de la paz.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Antífona de la Comunión

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, dice el Señor; y yo lo resucitaré en el último día.

Oración después de la Comunión

Te pedimos, Señor, que la obra salvadora de tu misericordia fructifique plenamente en nosotros, y haz que, con la ayuda continua de tu gracia, de tal manera tendamos a la perfección, que podamos siempre agradarte en todo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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