Domingo 28 de agosto

Reflexión sobre el Evangelio

«Y el que se humilla, será engrandecido»: La humildad es tan necesaria para la salvación que Jesús aprovecha cualquier circunstancia para ponerlo de relieve. Aquí se sirve de las actitudes que observa entre los asistentes a aquel banquete para insistir de nuevo que en el banquete celestial es Dios quien nos asigna el puesto. «La conciencia de la magnitud de la dignidad humana –de modo eminente, inefable, al ser constituidos por la gracia en hijos de Dios– junto con la humildad, forma en el cristiano una sola cosa, ya que no son nuestras fuerzas las que nos salvan y nos dan la vida, sino el favor divino. Es ésta una verdad que no puede olvidarse nunca» (S. Josemaría Escrivá. Es Cristo que pasa, n. 133).

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