Jueves 15 de septiembre

Nuestra Señora, Virgen de los dolores

Antífona de Entrada

El anciano Simeón dijo a María: Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción; y a ti, una espada te atravesará el corazón.

Oración Colecta

Dios nuestro, que quisiste que junto a tu Hijo en la cruz estuviera de pie su Madre, compartiendo su dolor, concede a tu Iglesia que, asociada con ella a la pasión de Cristo, merezca participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

Primera Lectura

Esto es lo que predicamos y lo que ustedes han creído
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que les prediqué, que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué; de otro modo, habrán creído en vano. Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros ya murieron; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto.

Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios, y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí. Al contrario, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que predicamos; esto mismo lo que ustedes han creído.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 117
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: Su misericordia es eterna.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.

Escuchemos el canto de victoria que sale de la casa de los justos: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.

No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. Tú eres mi Dios, te doy gracias; tú eres mi Dios, yo te alabo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.

Secuencia (opcional)

La Madre piadosa estaba junto a la cruz, y lloraba mientras el Hijo pendía; cuya alma triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y afligida estaba la Madre herida, de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.

¿Y cuál hombre no llorara si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor?

¿Y quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado que rindió desamparado el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarlo me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo;

porque acompañar deseo en la cruz, donde lo veo, tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas que el llanto dulce me sea;

porque su pasión y muerte tenga en mi alma de suerte que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio;

porque me inflame y encienda y contigo me defienda en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance, vida y alma estén;

porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Feliz la Virgen María, que, sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor.
Aleluya.

Evangelio

Ahí está tu hijo. Ahí está tu madre
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su Madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su Madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Recibe, Dios misericordioso, las súplicas y ofrendas que te presentamos para alabanza de tu nombre, al venerar a la santísima Virgen María, a quien, bondadoso, nos entregaste como piadosísima Madre.
Por Jesucristo, nuestro Señor
Amén.

Antífona de la Comunión

Alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante.

Oración después de la Comunión

Alimentados con el sacramento de la redención eterna, te pedimos, Señor, que, al conmemorar el dolor de la santísima Virgen María, completemos, a favor de la Iglesia, lo que falta en nosotros a los padecimientos de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

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