Jueves 3 de noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

«Se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo»: No es ésta la primera vez que publicanos y pecadores se acercan a Jesús. La predicación del Señor atraía por su sencillez y por sus exigencias de entrega y de amor. Los fariseos le tenían envidia porque la gente se iba tras Él. Esa actitud farisaica puede repetirse entre los cristianos: una dureza de juicio tal que no acepte que un pecador –aunque hayan sido enormes sus pecados– pueda convertirse y ser santo; o una ceguera de mente tal que impida reconocer el bien que hacen los demás y alegrarse de ello. Ya Nuestro Señor sale al paso de esta actitud errada cuando contesta a sus discípulos que se quejan de que otros arrojen demonios en su nombre: «No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí» (Mc 9,39). Igualmente, san Pablo se alegraba de que otros anunciaran a Cristo, e incluso pasaba por alto que lo hicieran por interés, con tal de que Cristo fuese predicado (cfr. Fil 1,17-18).

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