Reflexión sobre el Evangelio
El comportamiento y las expresiones de Cristo cuando echaba a los vendedores del Templo manifiestan claramente que Él es el Mesías anunciado por los profetas. Por esto se acercan algunos judíos y le piden una señal de su poder. La respuesta de Jesús, que quedó oscura hasta el momento de su Resurrección, la intentaron transformar las autoridades judías en una invectiva contra el Templo, digna de la pena de muerte; la utilizaron después con sarcasmo contra el Señor agonizante en la Cruz y, más adelante, les bastó oírla repetir a san Esteban para acusarle frente al Sanedrín (Hch 6,14).
En las palabras pronunciadas por Jesús no hay nada de despectivo, como pretenderían después los falsos testigos. El milagro que les ofrece, al que llama «la señal de Jonás» (cfr Mt 16,4), será su propia Resurrección al tercer día. Para indicar la grandiosidad del milagro de su Resurrección, Jesús recurre a una metáfora: es como si dijera: ¿Veis este Templo? Pues bien, imaginadlo destruido. ¿No sería un gran milagro reconstruirlo en tres días? Esto haré yo como señal. Porque vosotros destruiréis mi Cuerpo, que es el Templo verdadero, y yo lo volveré a levantar al tercer día.
