Viernes 5 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

Dios prometió al rey David que uno de sus descendientes poseería el reino eternamente (2 S 7, 12 ss.). Era una clara alusión al Mesías, y así lo interpretaba toda la tradición judía, que le titulaba «Hijo de David». En tiempo de Jesucristo este título mesiánico estaba cargado de un fuerte sentido nacionalista: esperaban un rey terreno, descendiente de David, que les librase de la dominación romana. Jesús en este pasaje muestra a los fariseos que el origen del mesías es superior: no sólo «Hijo de David», sino de naturaleza más alta, en cuanto que es Hijo de Dios y trasciende lo puramente temporal.

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