Viernes 20 de Diciembre

Reflexión sobre el evangelio

La Anunciación es el momento en que Nuestra Señora conoce con claridad la vocación a que Dios le había destinado desde siempre. Cuando el Arcángel la tranquiliza y le dice «no temas, María», le está ayudando a superar ese temor inicial que, de ordinario, se presenta en toda vocación divina. El hecho de que le haya ocurrido a la Santísima Virgen nos indica que no hay en ello ni siquiera imperfección: es una reacción natural ante la grandeza de lo sobrenatural. Imperfección sería no superarlo, o no dejarnos aconsejar por quienes, como san Gabriel a Nuestra Señora, pueden ayudarnos.

Meditación

La vocación de María. Nuestra vocación.

I. ‘Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer’ (Gálatas 4, 4). Y esta mujer, elegida y predestinada desde toda la eternidad para ser la Madre del Salvador, había consagrado a Dios su virginidad, renunciando al honor de contar entre su descendencia directa al Mesías. María aparece como la Madre virginal del Mesías, que dará todo su amor a Jesús, con un corazón indiviso, como prototipo de la entrega que el Señor pedirá a muchos. En función de su Maternidad, fue rodeada de todas las gracias y privilegios que la hicieron digna morada del Altísimo. Dios escogió a su Madre y puso en Ella todo su Amor y su Poder. No permitió que la rozara el pecado: ni el original, ni el personal. Fue concebida Inmaculada, sin mancha alguna. Su dignidad es casi infinita. Como en toda persona, la vocación fue el momento central de su vida: Ella nació para ser Madre de Dios, escogida por la Trinidad Beatísima desde la eternidad. No olvidemos que también es Madre nuestra.

II. La vocación es también en cada uno de nosotros el punto central de nuestra vida. El eje sobre el que se organiza todo lo demás. Todo o casi todo depende de conocer, cumplir aquello que Dios nos pide. Pero a pesar de que la vocación es la llave que abre las puertas de la felicidad verdadera, hay quienes no quieren conocerla; prefieren hacer su voluntad en vez de la Voluntad de Dios, sin buscar el camino por el que alcanzarán con seguridad el Cielo y harán felices a otros muchos. El Señor hace llamamientos particulares; también hoy. Nos necesita, porque la mies es mucha y los operarios pocos (Mateo 9, 37). Hay mieses que se pierden porque no hay quien los recoja. ‘Hágase en mí según tu palabra’, dice la Virgen. Y la contemplamos radiante de alegría. Hoy podemos preguntarnos: ¿Quiere el Señor algo más de mí?

III. Uno de los misterios del Adviento es el que contemplamos como segundo misterio de gozo del Santo Rosario: la Visitación. Un aspecto concreto del servicio a los demás que lleva consigo la vocación es el orden de la caridad. Amor a todos porque todos son hermanos nuestros. Pero amor, en primer término, a los que están más cerca, nuestra familia. Este orden ha de manifestarse en afecto y en obras. Queremos vivir estos días de Adviento con el mismo espíritu de servicio con que los vivió nuestra Madre. Apoyados en la humilde entrega de María, vamos a pedirle que su Hijo nos encuentre con el corazón dispuesto, dócil a sus mandatos, a sus consejos y sugerencias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s