Jueves 9 de Enero

Reflexión sobre el evangelio

«Año de gracia»: Alude al año jubilar de los judíos, establecido por la Ley de Dios (Lev 25,8 ss.) cada cincuenta años, para simbolizar la época de redención y libertad que traería el Mesías. La época inaugurada por Cristo, el tiempo de la Nueva Ley hasta el final de este mundo, es el «año de gracia», el tiempo de la misericordia y de la redención, que se alcanzarán cumplidamente en la vida eterna. De manera semejante, la institución del Año Santo en la Iglesia Católica tiene este sentido de anuncio y recuerdo de la Redención traída por Cristo y de su plenitud en la vida futura.

Meditación

Encontrar a Jesús

I. La Sagrada Familia solía trasladarse a Jerusalén durante la Pascua para asistir al Templo en cumplimiento de la ley. Al ser ya el Niño de doce años cumplidos, subió a Jerusalén, según solían hacer en aquella fiesta (Lc 2, 42), y terminados los ritos pascuales, se inicia la vuelta a Nazaret. Cuando terminó la primera jornada de regreso, sus padres creyeron haber perdido a Jesús, o que Jesús les había perdido a ellos, y andaba solo. Desandaron el camino y le buscaron angustiados durante tres días. Todo inútil. María y José le perdieron sin culpa suya. Nosotros le perdemos por el pecado, por la tibieza, por la falta de espíritu de mortificación y sacrificio. Entonces, nuestra vida sin Jesús se queda a oscuras. Cuando nos encontremos en esa oscuridad hemos de reaccionar enseguida y buscarle, hemos de saber preguntar a quien puede y debe saberlo: ¿Dónde está el Señor?

II. María Y José no perdieron a Jesús, fue Él quien se ausentó de su lado. Con nosotros es distinto; Jesús jamás nos abandona. Somos nosotros los hombres quienes podemos echarlo de nuestro lado por el pecado, o al menos alejarlo por la tibieza. En todo encuentro entre el hombre y Cristo, la iniciativa ha sido de Jesús; por el contrario, en toda situación de desunión, la iniciativa la llevamos siempre nosotros. Él no nos deja jamás. Cuando el hombre peca gravemente se pierde para sí mismo y para Cristo. Con la tibieza y el desamor, se valora poco o nada la compañía de Jesús. María y José amaban a Jesús entrañablemente; por eso le buscaron sin descanso, por eso sufrieron de una manera que nosotros no podemos comprender, por eso se alegraron tanto cuando de nuevo le encontraron. Nosotros hemos de pedirles que sepamos apreciar la compañía de Jesús, y que estemos dispuestos a todo antes de perderle.III. Jesús se encontraba entre los doctores y llamaba su atención por su sabiduría y su ciencia. Sus padres contemplaron maravillados esta escena: fue un rayo de luz que les va descubriendo el misterio de la vida de Jesús. Si nosotros alguna vez perdemos a Jesús, sabemos que le encontramos siempre en el Sagrario, en aquellas personas que Dios mismo ha puesto para señalarnos el camino, y que nos espera en el sacramento de la Penitencia. Hoy podemos repetir muchas veces en la intimidad de nuestro corazón: “Jesús: que nunca más te pierda…” (S. Josemaría Escrivá, Santo Rosario). María y José nos ayudarán a no perder de vista a Jesús durante el día y durante toda nuestra vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s