Miércoles 15 de Enero

1ª Semana del Tiempo Ordinario

Nota especial: En aquellos lugares en donde el Cristo de Esquipulas es el patrono, se permite celebrar la fiesta (se encuentra a continuación de las lecturas del día).

Antífona de Entrada

Dios anuncia la paz a su pueblo, a todos sus amigos y a cuantos se convierten a él de corazón.

Oración Colecta

Mueve, Señor, la voluntad de tus fieles, para que, secundando con mayor empeño la acción de tu gracia divina, recibamos con mayor abundancia los auxilios de tu bondad.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Habla, Señor, que tu siervo escucha
Lectura del primer libro de Samuel 3, 1-10. 19-20

En los tiempos en que el joven Samuel servía al Señor a las órdenes de Elí, la palabra de Dios se dejaba oír raras veces y no eran frecuentes las visiones. Los ojos de Elí se habían debilitado y ya casi no podía ver. Una noche, cuando aún no se había apagado la lámpara del Señor, estando Elí acostado en su habitación y Samuel en la suya, dentro del santuario, donde se encontraba el arca de Dios, el Señor llamó a Samuel y éste respondió: «¡Aquí estoy!» Fue corriendo a donde estaba Elí, y le dijo: «Aquí estoy; ¿para qué me llamaste?» Respondió Elí: «Yo no te he llamado; vuelve a acostarte». Samuel se fue a acostar. Volvió el Señor a llamarlo y él se levantó, fue a donde estaba Elí, y le dijo: «Aquí estoy; ¿para qué me llamaste?» Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte». (Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada). Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Elí, y le dijo: «Aquí estoy; para qué me llamaste?» Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si te llama alguien, responde: Habla, Señor; tu siervo te escucha». Y Samuel se fue a acostar. De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» Éste respondió: «Habla, Señor; tu siervo te escucha». Samuel creció y el Señor estaba con él; y todo lo que el Señor le decía, se cumplía. Todo Israel, desde la ciudad de Dan hasta la de Bersebá, supo que Samuel estaba acreditado como profeta del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 39
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé en el Señor con gran confianza; él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: «Aquí estoy».
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.

Evangelio

Curó a muchos enfermos de diversos males
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: «Todos te andan buscando». Él les dijo: «Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido». Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Recibe, Señor, estos dones sagrados que nos mandaste ofrecer en honor de tu nombre; y ayúdanos a obedecer siempre tus mandatos, para que seamos dignos de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Acudid al Señor, poned en él vuestra confianza y no quedaréis defraudados. Que alaben al Señor todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros.

Oración después de la Comunión

Te rogamos, Dios todopoderoso, que, habiéndonos concedido el gozo de participar de esta mesa divina, ya nunca permitas que nos separemos de ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Fiesta del Santo Cristo de Esquipulas

Antífona de Entrada

Que nuestra única gloria sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, nuestra vida y resurrección y por quien hemos sido redimidos y liberados. Aleluya.

Oración Colecta

Dios nuestro, que quisiste que tu Hijo muriera en la Cruz para salvar a todos los hombres, concédenos aceptar por su amor la cruz del sufrimiento aquí en la tierra, para poder gozar en el cielo de los frutos de su redención.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Son las heridas que me hicieron en la casa de aquellos que me amaban
Lectura del libro del profeta Zacarías 12,10-11; 13,6-7

Esto dice el Señor: «Derramaré sobre la descendencia de David y sobre los habitantes de Jerusalén, un espíritu de piedad y de compasión y ellos volverán sus ojos hacia mí, a quien traspasaron con la lanza. Harán duelo, como se hace duelo por el hijo único y llorarán por él amargamente, como se llora por la muerte del primogénito. En ese día será grande el llanto en Jerusalén, como el llanto en la aldea de Hadad-Rimón, en el valle de Meguido.

Entonces si alguien le pregunta: ‘¿Qué significan esas heridas que tienes en tus manos?’ Les responderá: ‘Son las heridas que me hicieron en la casa de aquellos que me amaban’. Levántate, espada, contra mi pastor y contra mi ayudante, dice el Señor de los ejércitos. Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas, y después castigaré también a los más pequeños».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 68
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia en mí recae.
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

Sácame de este cieno, no vaya a ser que me hunda; ponme a salvo, Señor, de los que me odian y de estas aguas tan profundas. No dejes que me arrastre la corriente ni el abismo me engulla; no permitas que cierre sobre mí el pozo su apertura.
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

Escúchame, Señor, pues eres bueno, y en tu ternura vuelve a mí tus ojos; Señor, no te le escondas a tu siervo y a mi aflicción, responde pronto. Acércate a mí, sé mi defensor, de mi enemigo líbrame, y de su odio.
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

Tú conoces mi afrenta, conoces mi vergüenza y mi deshonra, pues a tu vista están los que me acosan; la afrenta me destroza el corazón y desfallezco; espero compasión, y no la encuentro.
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

Me pusieron veneno en la comida y mi sed apagaron con vinagre, porque persiguen al que tú has herido y aumentan el dolor del que llagaste.
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

El nombre del Señor y su grandeza agradecido, alabaré con cantos. Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios, tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado.
En tu gran amor, respóndeme, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exalto sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que esta sobre todo nombre.
Aleluya.

Evangelio

Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19,28-35

Sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: «Todo está cumplido», e inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: ‘No le quebrará ningún hueso’; y en otro lugar la Escritura dice: ‘Mirarán al que traspasaron’.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Señor, que este sacrificio que Cristo te ofreció sobre la Cruz para borrar los pecados del mundo, nos purifique ahora de todas nuestras culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la Comunión

Señor nuestro Jesucristo, tú que nos has redimido por medio de tu cruz y nos has hecho partícipes de tu Cuerpo y de tu Sangre, concédenos participar también de la gloria de tu resurrección. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

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