Viernes 24 de Enero

Memoria de san Francisco de Sales, Obispo y Doctor de la Iglesia

Antífona de Entrada

Buscaré a mis ovejas, dice el Señor, y les daré un pastor que las apaciente, y yo, el Señor, seré su Dios.

Oración Colecta

Dios nuestro, que para la salvación de las almas quisiste que el obispo san Francisco de Sales se hiciera todo para todos, concédenos que, a ejemplo suyo, mostremos siempre la mansedumbre de tu amor en el servicio a los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

No pondré la mano sobre el ungido del Señor
Lectura del primer libro de Samuel 24, 3-21

En aquellos días, Saúl tomó consigo tres mil hombres valientes de todo Israel, y marchó en busca de David y su gente, en dirección de las rocas llamadas «las Cabras Monteses»; llegó hasta donde había un redil de ganado, junto al camino donde había una cueva, y Saúl entró en ella para satisfacer sus necesidades.

David y sus hombres estaban sentados en el fondo de la cueva; ellos le dijeron: «Ha llegado el día que te anunció el Señor, cuando te hizo esta promesa: Pondré a tu enemigo entre tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca».

David se levantó sin hacer ruido y cortó la punta del manto de Saúl; pero a David le remordió la conciencia por haber cortado el manto de Saúl, y dijo a sus hombres: «Dios me libre de levantar la mano contra el rey, porque es el ungido del Señor».

Con estas palabras contuvo David a sus hombres y no les permitió atacar a Saúl. Cuando Saúl salió de la cueva y siguió su camino, David salió detrás de él y le gritó: «¡Rey y señor mío!». Y cuando Saúl miró hacia atrás, David le hizo una gran reverencia, inclinando la cabeza hasta el suelo, y le dijo: «¿Por qué haces caso a la gente que dice que David trata de hacerte mal? Date cuenta de que hoy el Señor te puso en mis manos en la cueva; pude matarte, pero te perdoné la vida, y dije que no alzaría mi mano contra el rey, porque eres el ungido del Señor. Mira la punta de tu manto en mi mano; yo la corté y no te maté. Reconoce, pues, que en mí no hay traición y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, andas buscando la ocasión de quitarme la vida. Que el Señor sea nuestro juez, y que él me haga justicia. Yo no alzaré mi mano contra ti, porque como dice el antiguo proverbio: los malos obran mal. ¿Contra quién has salido a guerrear, rey de Israel? ¿A quién persigues? ¡A un perro muerto, a una pulga! Que el Señor sea el juez y nos juzgue a los dos; que él examine mi causa y me libre de tu mano».

Cuando David terminó de hablar, Saúl exclamó: «¿Eres tú, David, hijo mío, quien así me habla?» Saúl rompió a llorar y, levantando la voz, le dijo: «Tú eres más justo que yo, porque sólo me haces el bien mientras que yo busco tu mal; hoy has demostrado conmigo tu gran bondad, pues el Señor me puso en tus manos y tú no me has quitado la vida. ¿Qué hombre encuentra a su enemigo, y le permite seguir su camino en paz?

Que el Señor te recompense por lo que hoy has hecho conmigo. Ahora estoy cierto de que llegarás a ser rey y que el reino de Israel se consolidará en tus manos».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 56
Señor, apiádate de mí.

Apiádate de mí, Señor, apiádate, pues en ti me refugio; me refugio a la sombra de tus alas hasta que pase el infortunio.
Señor, apiádate de mí.

Voy a clamar al Dios altísimo, al Dios que me ha colmado de favores; desde el cielo, su amor y su lealtad me salvarán de mis perseguidores.
Señor, apiádate de mí.

Señor, demuestra tu poder y llénese la tierra de tu gloria; pues tu amor es más grande que los cielos y tu fidelidad las nubes toca.
Señor, apiádate de mí.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de salvación.
Aleluya.

Evangelio

Jesús llamó a los que él quiso, para que se quedaran con él
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.

Constituyó entonces a los Doce: A Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanerges, es decir «hijos del trueno»; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Que este sacrificio, prueba suprema del amor de Cristo, nos comunique, Señor, el fuego del Espíritu Santo que llenó de bondad el corazón de tu siervo Francisco de Sales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

No son ustedes los que me han elegido, dice el Señor, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.

Oración después de la Comunión

Concédenos, Dios todopoderoso, que, por este sacramento que acabamos de recibir, imitando en la tierra la caridad y la mansedumbre de san Francisco, consigamos también la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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