Miércoles 11 de Marzo

Reflexión sobre el Evangelio

«Así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido»: Jesucristo se presenta a Sí mismo como ejemplo que debe ser imitado por quienes ejercen la autoridad en la Iglesia. Él, que es Dios y Juez que ha de venir a juzgar al mundo, no se impone, sino que nos sirve por amor hasta el punto de entregar la vida por nosotros: ésta es su forma de ser el primero. Así lo entendió san Pedro, que exhorta a los presbíteros a que apacienten el rebaño de Dios a ellos confiado, no como denominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo; y san Pablo, que no estando sometido a nadie, se hace siervo de todos para ganarlos a todos. El «servicio» de Cristo a la humanidad va encaminado a la salvación. En efecto, la frase «dar la vida en redención por muchos» es propia del lenguaje litúrgico-sacrificial. Estas palabras estaban ya profetizadas en el capítulo 53 de Isaías.

Meditación

Beber el cáliz del Señor

I. Los Apóstoles no han puesto ningún límite a su Señor; tampoco nosotros lo hemos puesto. Por eso, cuando pedimos algo en nuestra oración debemos estar dispuestos a aceptar, por encima de todo, la Voluntad de Dios; también cuando no coincida con nuestros deseos. Quiere que le pidamos lo que necesitamos y deseemos pero, sobre todo, que conformemos nuestra voluntad con la suya. Él nos dará siempre lo mejor. El Señor nos invita a una profunda amistad y a compartir un destino común a todos los que queremos seguirle. Para participar en su resurrección gloriosa es necesario compartir con Él la Cruz, y nos pregunta como preguntó a los Apóstoles: ¿Podéis beber el cáliz, –el cáliz de la entrega completa al cumplimiento de la voluntad del Padre– que yo voy a beber? ‘¡Possumus!’ ¡Podemos, sí, estamos dispuestos! Contestamos como los Apóstoles. Hoy nos preguntamos en la oración si hemos dado al Señor nuestro corazón entero, o seguimos apegados a nuestro amor propio.

II. No existe vida cristiana sin mortificación. El Señor hizo del dolor un medio de redención; con su dolor nos ha redimido. La mortificación y la vida de penitencia, a la que nos llama la Cuaresma, tienen como motivo principal la corredención, participar del mismo cáliz del Señor. La voluntaria mortificación es medio de purificación y desagravio, necesario para poder tratar al Señor en la oración e indispensable para la eficacia apostólica. Este espíritu de penitencia y de mortificación lo manifestamos en nuestra vida corriente en el quehacer de cada día, sin esperar ocasiones extraordinarias: cumpliendo con nuestro horario, compaginando nuestras obligaciones con Dios, con los demás y con nosotros mismos, tratando con caridad a los demás empezando por los nuestros, soportando con buen humor las mil contrariedades de la jornada, corrigiendo cuando tenemos una misión de gobierno, renunciando a nuestros propios proyectos… III. El servicio de Cristo a la humanidad va encaminado a la salvación. Nuestra actitud ha de ser servir a Dios y a los demás con visión sobrenatural, especialmente en lo referente a la salvación, pero también en todas las ocasiones que se presentan cada día. Servir a los demás requiere mortificación y presencia de Dios, y olvido de uno mismo. Que no nos importe servir y ayudar mucho a quienes están a nuestro lado, aunque no recibamos ningún pago ni recompensa. Nuestra Madre, que sirvió a su hijo y a San José, nos ayudará a darnos sin medida ni cálculo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s