Jueves 12 de Marzo

2ª Semana de Cuaresma

Antífona de Entrada

Ponme a prueba, Dios mío, y conocerás mi corazón; mira si es que voy por mal camino y condúceme tú por el camino recto.

Oración Colecta

Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido; orienta hacia ti nuestros corazones y enciéndelos en el fuego de tu Espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes en el amor fraterno.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Maldito el que confía en el hombre; bendito el que confía en el Señor
Lectura del libro del profeta Jeremías 17, 5-10

Esto dice el Señor: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su fuerza y aparta del Señor su corazón: será como un cardo en la estepa, que no disfruta del agua cuando llueve; vivirá en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhabitable. Bendito el hombre que confía en el Señor y en él pone su esperanza: será como un árbol plantado junto al agua, que hunde en la corriente sus raíces; cuando llegue el calor no lo sentirá, y sus hojas se conservarán siempre verdes; en año de sequía no se marchitará, ni dejará de dar frutos. El corazón del hombre es la cosa más traicionera y difícil de curar, ¿quién lo podrá entender? Yo, el Señor, sondeo la mente y penetro el corazón; para dar a cada uno según sus acciones, según el fruto de sus obras».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 1
Dichoso quien confía en el Señor.

Dichoso aquél que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso quien confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso quien confía en el Señor.

En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso quien confía en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio

Recibiste bienes en tu vida y Lázaro, males; ahora él goza del consuelo, mientras que tú sufres tormentos
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro que yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro junto a él. Entonces gritó: ‘Padre Abrahán, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abrahán le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes, y Lázaro, en cambio, males: por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’. El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abrahán, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abrahán le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abrahán. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abrahán repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto’».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Por este sacrificio eucarístico, santifica, Señor, nuestras privaciones cuaresmales, para que a las prácticas externas corresponda una verdadera conversión interior.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Dichoso el que con vida intachable hace la voluntad del Señor.

Oración después de la Comunión

Que la gracia que hemos recibido en este sacramento permanezca, Señor, en nosotros y aumente por nuestras buenas obras.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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