Sábado 6 de Junio

9ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

Oración Colecta

Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda contribuir a nuestro bien.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Cumple tu trabajo de evangelizador. Para mí ha llegado la hora del sacrificio y espero la corona merecida con que el Señor me premiará
Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo 4, 1-8

Querido hermano: En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, te pido encarecidamente, por su advenimiento y por su Reino, que anuncies la palabra; insiste a tiempo y a destiempo; convence, reprende y exhorta con toda paciencia y sabiduría.

Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se rodearán de maestros que les halaguen el oído; se harán sordos a la verdad y sólo escucharán las fábulas.

Tú, en cambio, sé siempre prudente, soporta los sufrimientos, cumple tu trabajo de evangelizador y desempeña a la perfección tu ministerio.

Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no me solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 70
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Mis labios no han cesado de alabarte y pregonan tu gloria todo el día. Señor, en la vejez no me rechaces ni me abandones, falto de energías.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

En ti, Señor, yo seguiré confiando, y más y más te alabará mi boca. Yo proclamaré siempre tu justicia y a todas horas tu misericordia.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Tus hazañas, Señor, alabaré; diré a todos que sólo tú eres justo. Me enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

La lealtad del Señor para conmigo celebrará mi arpa. Al santo de Israel, a ti, Dios mío, cantaré con mi guitarra.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de Dios.
Aleluya.

Evangelio

Esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles. Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Ellos recibirán un castigo muy riguroso».

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba en ellas sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto se acercó una viuda pobre, y echó dos monedas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: «Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos; porque los demás han echado de lo que les sobraba, pero ella, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor, Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Confiados en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.

Oración después de la Comunión

Padre santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos entrar al Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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