Viernes 19 de Junio

Reflexión sobre el Evangelio

El Señor llama hacia Sí a todos los hombres, que andamos bajo el peso de nuestras fatigas, luchas y tribulaciones. La historia de las almas muestra la verdad de estas palabras de Jesús. Sólo el Evangelio calma la sed de verdad y de justicia que anhelan los corazones sinceros. Sólo Nuestro Señor, el Maestro –y aquellos a quienes Él da su poder–, puede apaciguar al pecador al decirle «tus pecados te son perdonados» (Mt 9,2). En este sentido el enseña el Papa Pablo VI: «Jesús dice ahora y siempre: ‘Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré’. Efectivamente Jesús está en una actitud de invitación, de conocimiento y de compasión por nosotros; es más, de ofrecimiento, de promesa, de amistad, de bondad, de remedio a nuestros males, de confortador y todavía más, de alimento, de pan, de fuente de energía y de vida» (Homilía Corpus Christi, 12-VI-1977)

Meditación

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

I. El carácter de la Solemnidad que hoy celebramos es doble: de acción de gracias por las maravillas del amor que Dios nos tiene, y de reparación, porque este amor es mal o poco correspondido (A.G. Martimort, La Iglesia en oración), incluso por quienes tenemos tantos motivos para amar y agradecer. Este culto recibió un especial impulso por la devoción y piedad de numerosos santos a quienes mostró los secretos de su Corazón amantísimo, y les movió a difundir la devoción al Sagrado Corazón y a fomentar el espíritu de reparación. El Señor pidió a Santa Margarita María de Alacoque que promoviera el amor a la comunión frecuente…, sobre todo los primeros viernes de cada mes, con sentido de reparación. El Corazón de Jesús es fuente y expresión de su infinito amor por cada hombre, sean cuales sean las condiciones en las que se encuentre. Nadie nos ha amado más que Jesús, nadie nos amará más. ‘Me amó –decía San Pablo– y se entregó por mí’ (Ga 2, 20), y cada uno de nosotros puede repetirlo.

II. El Corazón de Jesús amó como ningún otro, experimentó alegría y tristeza, compasión y pena: se llenó de alegría, dice San Lucas (Lc 10, 21) con el pequeño éxito de los Apóstoles en su primera salida evangelizadora; y llora, cuando la muerte le arrebata un amigo (Jn 11, 35). A Jesús no le era indiferente –no lo es ahora en nuestro trato diario con Él– el que unos leprosos no volvieran a darle las gracias después de haber sido curados, o las delicadezas y muestras de hospitalidad que se tienen con un invitado, como le dirá a Simón el fariseo. ¿Quién podrá explicar los sentimientos de su Corazón amantísimo cuando en el Calvario nos dio a su Madre como Madre nuestra? Jesús nos dio voluntariamente hasta la última gota de su preciosa Sangre, como si estuviéramos solos en el mundo. ¿Cómo no nos vamos a acercar con confianza a Cristo? ¿Qué miserias pueden impedir nuestro amor, si tenemos el corazón grande para pedir perdón? III. Después de la Ascensión al Cielo con su Cuerpo glorificado, no cesa de amarnos para que vivamos siempre muy cerca de su Corazón amantísimo. Nosotros hoy, en esta Solemnidad, adoramos el Corazón Sacratísimo de Jesús. El meditar hoy en el amor que Cristo nos tiene, nos impulsará a agradecer mucho tantos dones, tanta misericordia inmerecida. Y al contemplar cómo muchos viven de espaldas a Dios, y que nosotros no somos del todo fieles, iremos a su Corazón amantísimo y allí encontraremos la paz, fruto del Espíritu Santo. Muy cerca de Jesús encontramos siempre a su Madre.

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