Sábado 11 de Julio

Memoria de san Benito, Abad

Antífona de Entrada

Hubo un varón de vida venerable, Benito, por gracia y por nombre, “bendecido”, que renunció a su casa y a su herencia, para solamente agradar a Dios, llevando una vida santa.

Oración Colecta

Dios nuestro, que constituiste a san Benito, abad, como ilustre maestro en la escuela del servicio divino, concédenos que, sin anteponer nada a tu amor, avancemos con un corazón generoso en el camino de tus mandamientos.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Soy un hombre de labios impuros, y he visto con mis ojos al Señor de los ejércitos
Lectura del libro del profeta Isaías 6, 1-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono muy alto y magnífico: la orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían los pies, con dos alas volaban. Y se gritaban uno a otro diciendo: «Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos, su gloria llena toda la tierra».

Y temblaban las puertas al clamor de su voz, y el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé: «¡Ay de mí, estoy perdido! Porque yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos». Después voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; con la brasa me tocó la boca diciéndome: «Mira: esto ha tocado tus labios, tu iniquidad ha sido quitada y tus pecados están perdonados». Escuché entonces la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?» Yo le respondí: «Aquí estoy, Señor, envíame».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 92
Señor, tú eres nuestro rey.

Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes. Estás revestido de poder y majestad.
Señor, tú eres nuestro rey.

Tú mantienes el orbe y no vacila. Eres eterno, y para siempre está firme tu trono.
Señor, tú eres nuestro rey.

Muy dignas de confianza son tus leyes y desde hoy y para siempre, Señor, la santidad adorna tu templo.
Señor, tú eres nuestro rey.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos ustedes, si los injurian por ser cristianos, porque el Espíritu de Dios descansa en ustedes.
Aleluya.

Evangelio

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 24-33

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: «El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo. ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.              

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, con bondad los dones que te presentamos en la celebración de san Benito, abad, y haz que, a ejemplo suyo, te busquemos únicamente a ti, a fin de que podamos obtener en tu servicio el don de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Éste es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de su familia, para darles a su tiempo la ración de trigo.

Oración después de la Comunión

Al recibir la prenda de la vida eterna, te suplicamos, Señor, que, siguiendo las enseñanzas de san Benito, nos dediquemos con fidelidad a tu servicio y amemos con ferviente caridad a los hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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