Jueves 30 de Septiembre

Memoria de san Jerónimo, Presbítero y Doctor de la Iglesia

Antífona de Entrada

Dichoso el hombre que medita la ley del Señor, de día y de noche; dará fruto a su tiempo.

Oración Colecta

Dios nuestro, tú que otorgaste a san Jerónimo el don de conocer y amar profundamente la Sagrada Escritura, concédenos descubrir en tu palabra la historia de tu amor por nosotros y el camino de nuestra salvación.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Esdras abrió el libro de la ley, bendijo al Señor y todos respondieron: ¡Amén!
Lectura del libro de Nehemías 8, 1-4. 5-6. 8-12

En aquellos días, todo el pueblo, como si fuera un solo hombre, se reunió en la plaza que está ante la puerta del Agua y pidió a Esdras, el sacerdote y escriba, que trajera el libro de la ley de Moisés que el Señor había prescrito a Israel. Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea formada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón.

Era el día primero del mes séptimo y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley.

Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén!» e, inclinándose, adoraron al Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura. Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras el sacerdote y escriba y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo:

«Este es un día consagrado al Señor, nuestro Dios: no estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. ¡No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza!».

Y los levitas consolaban al pueblo diciéndole:«No lloren ni estén tristes, ya que éste es un día santo». Y el pueblo entero se fue a comer y a beber. Mandó comida a los que no tenían nada e hizo grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 18
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas son las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
Aleluya.

Evangelio

Su deseo de paz se cumplirá
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12

En aquel tiempo designó el Señor a otros setenta y dos discípulos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir. Y les dijo: «La cosecha es mucha y los trabajadores pocos; rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino. Miren que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven dinero, ni morral, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa, coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier pueblo donde entren y los reciban bien, coman lo que les den, curen a los enfermos que haya, y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’. Pero si entran en un pueblo y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de este pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que ese pueblo».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, nuestros dones y haz que, iluminados interiormente por tu palabra, a ejemplo de san Jerónimo, nos acerquemos con fe viva a tu altar para ofrecerte el sacrificio de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Siempre que oí tus palabras, Señor, las acepté con gusto; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón.

Oración después de la Comunión

Que esta Eucaristía que hemos celebrado en la festividad de san Jerónimo ilumine, Señor, nuestro espíritu, para que podamos encontrar en tu Evangelio el camino, la verdad y la vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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