Domingo 6 de febrero

5ª Semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios.

Oración Colecta

Te rogamos, Señor, que guardes con incesante amor a tu familia santa, que tiene puesto su apoyo sólo en tu gracia, para que halle siempre en tu protección su fortaleza.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Aquí estoy, Señor, envíame
Lectura del libro del profeta Isaías 6, 1-2. 3-8

En el año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono muy alto y magnífico: la orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno que se gritaban el uno al otro: «¡Santo, santo, santo, es el Señor Dios de los ejércitos, su gloria llena toda la tierra!»

Temblaban las puertas al clamor de su voz, y el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé: «¡Ay de mí, estoy perdido!, porque soy un hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, porque he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos».

Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que había tomado del altar con unas tenazas; con la brasa me tocó la boca diciéndome: «Mira: esto ha tocado tus labios, tu iniquidad ha sido quitada y tus pecados están perdonados».

Escuché entonces la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?» Yo le respondí: «Aquí estoy, Señor, envíame».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 137
Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos en tu templo.
Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor: siempre que te invocamos nos oíste y nos llenaste de valor.
Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

Que todos los reyes de la tierra te reconozcan, al escuchar tus prodigios. Que alaben tus caminos, porque tu gloria es inmensa.
Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

Tu mano, Señor, nos pondrá a salvo, y así concluirás en nosotros tu obra. Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones.
Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

Segunda Lectura

Esto es lo que hemos predicado y lo que ustedes han creído
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué, ése que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué; de otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce.

Después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles.

Finalmente se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol.

Sin embargo, por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor, y yo los haré pescadores de hombres.
Aleluya.

Evangelio

Dejándolo todo, lo siguieron
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas a la orilla del lago; los pescadores estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra y, sentado, enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar dijo a Simón: «Lleva la barca lago adentro y echen sus redes para pescar».

Simón replicó: «Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes». Así lo hicieron, y cogieron tal cantidad de pescados que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, y le dijo: «¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!»

Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido; lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: «No temas: desde ahora serás pescador de hombres». Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro, que has creado los frutos de la tierra sobre todo para ayuda de nuestra fragilidad, concédenos que también se conviertan para nosotros en sacramento de eternidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Oración después de la Comunión

Señor Dios, que quisiste hacernos participar de un mismo pan y un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera, que, hechos uno en Cristo, demos fruto con alegría para la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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