Domingo 15 de mayo

Reflexión sobre el Evangelio

Esta glorificación se refiere sobre todo a la gloria que Cristo recibirá a partir de su exaltación en la Cruz (Jn 3,14; 12,32). San Juan subraya que la muerte de Cristo es el comienzo de su triunfo; tanto es así que la misma crucifixión se podría considerar como el primer paso de la subida hacia el Padre. Al mismo tiempo es glorificación del Padre, pues Cristo, aceptado voluntariamente la muerte por amor, como acto supremo de obediencia a la Voluntad divina, realiza el mayor sacrificio con el que el hombre puede dar gloria a Dios. El Padre corresponderá a esta glorificación que Cristo le tributa glorificándole a Él, como Hijo del Hombre, es decir, en su Santísima Humanidad, a través de la Resurrección y exaltación a su diestra. De esta forma la gloria que el Hijo da al Padre es a la vez gloria para el Hijo.

Así también el discípulo de Cristo encontrará su mayor motivo de gloria en la identificación con la actitud obediente del Maestro. San Pablo lo enseña claramente al decir: «Lejos de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Ga 6,14).

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