Domingo 3 de julio

Reflexión sobre el Evangelio

El Señor corrige la actitud de los discípulos, haciéndoles ver que los verdaderos motivos de alegría están en la esperanza del Cielo, y no en el poder de hacer milagros que les había dado para esa misión. Jesús había dado en otra ocasión una enseñanza parecida: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿pues no hemos profetizado en tu nombre, y arrojado los demonios en tu nombre, y hecho prodigios en tu nombre? Entonces yo les diré públicamente: apartaos de mí, los que habéis obrado la iniquidad» (Mt 7,22-23). En efecto, más importante a los ojos de Dios que hacer milagros es cumplir en cada momento su Voluntad santísima.

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