Domingo 10 de julio

Reflexión sobre el Evangelio

Esta parábola deja claro quién es nuestro prójimo: cualquiera que esté cerca de nosotros –sin distinción alguna de raza, de amistad, etc.– y necesite de nuestra ayuda. De igual modo queda claro cómo hay que amar al prójimo: teniendo misericordia con él, compadeciéndonos de su necesidad espiritual o corporal; y esta disposición tiene que ser eficaz, concreta, debe manifestarse en obras de entrega y de servicio, no puede quedarse en sólo sentimiento.

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