Miércoles 3 de Junio

Memoria de san Carlos Luanga y compañeros mártires

Antífona de Entrada

Aquellos que siguieron en la tierra las huellas de Cristo, se alegran ahora en el cielo; y porque lo amaron hasta morir por él, con él se gozan eternamente.

Oración Colecta

Señor Dios, que has querido que la sangre de los mártires sea semilla de nuevos cristianos, haz que el ejemplo de san Carlos y de sus compañeros y su lealtad a Cristo frente a las torturas, atraigan a los pueblos africanos a vivir la fe cristiana.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Reaviva el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-3. 6-12

Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, conforme a la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, te escribo esta carta Timoteo, hijo querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Cuando de noche y de día te recuerdo en mis oraciones, le doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura, como lo aprendí de mis antepasados.

Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Pues el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor; ni te avergüences de mí, que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Él nos ha salvado y nos ha llamado a llevar una vida santa, no por nuestros méritos, sino por su propia determinación y por la gracia que nos ha sido dada en Cristo Jesús, desde toda la eternidad. Esta gracia es la que se ha manifestado ahora con el advenimiento de nuestro salvador Jesucristo, quien ha destruido la muerte e irradiado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio, del que he sido nombrado predicador, apóstol y maestro.

Por este motivo soporto esta prisión; pero no me da vergüenza, porque sé en quién he puesto mi confianza; y estoy seguro de que él con su poder cuidará, hasta el último día, lo que me ha encomendado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 122
En ti, Señor, tengo fijos mis ojos.

En ti, Señor, que habitas en lo alto, fijos los ojos tengo, como fijan sus ojos en las manos de su señor, los siervos.
En ti, Señor, tengo fijos mis ojos.

Así como la esclava en su señora tiene fijos los ojos, fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros.
En ti, Señor, tengo fijos mis ojos.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí no morirá para siempre.
Aleluya.

Evangelio

Dios no es Dios de muertos, sino de vivos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que ‘si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió para darle descendencia a su hermano’. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete».

Jesús les contestó: «Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: ‘Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Al presentarte, Señor, nuestras ofrendas, te suplicamos humildemente que nos concedas celebrar esta Eucaristía con la misma entrega que llevó a los jóvenes mártires de África a morir antes que ofenderte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os preparo un Reino, dice el Señor, para que en él comáis y bebáis en mi mesa.

Oración después de la Comunión

Te rogamos, Señor, que esta Eucaristía que dio fortaleza a tus mártires para soportar los tormentos nos ayude, en medio de las dificultades, a permanecer firmes en la fe y en el amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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